Vivir las fronteras como escenarios de encuentro y reconciliación. Por una sociedad justa.

Día mundial del autismo.

Anilu Varilla López.

Octavio Paz en El laberinto de la soledad describe el ser hermético de los mexicanos, plétora de máscaras como signos de desconfianza y recelo ante aquello que nos da forma. Este hermetismo se justifica en parte por la historia y el carácter de sociedad que hemos forjado a lo largo de los años. Y es que, el mexicano, dice Paz, se cubre de máscaras y disimula su ser pero también sabe disimular al/lo otro, tornarlo invisible, en otras palabras, negarle existencia. Y aunque se trata de aseveraciones que intentan explicar el ideal de hombre y mujer en el imaginario mexicano, esto viene muy a cuenta para comprender tangencialmente la displicente actitud del mexicano frente a realidades tan presentes como inadvertidas, muchas veces ignorada y silenciada, como la existencia de personas con capacidades diferentes.

Apenas el animal humano sabe infligir formas violentas contra el/lo otro por placer y gratuidad; la  historia de la humanidad puede dar cuenta de ellas. Esta crueldad manifiesta en dinámicas sociales y culturales como las del disimulo, la negación, la ignorancia y la estigmatización es resultado del miedo ante aquello que nos confronta. Ha sido una práctica común estigmatizar lo diferente, diríase de modo común lo “anormal” o “lo raro”, bajo formas crueles de nominación, que estigmatizan e infringen violencia a quienes se mueven en la delgada línea de lo uniforme y lo heterogéneo, entonces el otro sabe mejor que nadie qué es el dolor y el infierno en la tierra.

En sociedades tan contradictorias como la nuestra, es fundamental adoptar una postura crítica que dé cuenta de esa realidad y permita vivir las líneas fronterizas más allá de un espacio de separación y lucha, como escenarios para la reconciliación y el encuentro. En sociedades como la nuestra, es fundamental crear planes de desarrollo justos ante las necesidades reales de la propia sociedad.

Hoy conmemoramos el día mundial de concienciación del autismo y atendemos el llamado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en voz de su máximo representante, Ban Ki Moon; en ese tenor, es importante que las autoridades locales, estatales y federales de nuestro país, así como la ciudadanía, profesionistas y sociedad civil en general repliquemos este objetivo y sigamos un mismo camino, a saber, el de crear una realidad armónica para las personas con autismo, un Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD) que afecta a 40 mil niños, algo así como 150 niños nacidos vivos en México.

Dicho trastorno neurológico dificulta el desarrollo lingüístico, la capacidad de interacción social  y la restricción de actividades e intereses; en ese sentido, el desarrollo del trastorno dependerá de 1) la madurez intelectual, 2) el grado de afectación 3) la edad, 4) la efectividad de los tratamientos y 5) la implicación familiar, de ahí que existan variantes del síndrome, como Autismo, Asperger, Rett y Trastorno Desintegrativo Infantil.

Conviene mencionar algunas características de los niños con autismo en los tres niveles, de forma que en futuras ocasiones no resulten “raras” o “extrañas”, sino familiares y sepamos convivir con quienes las manifiestan. Las personas con autismo, en la interacción social la mirada, la comprensión y el uso de las posturas corporales y la expresión facial manifiestan formas restringidas; se relacionan escasamente con sus iguales y eligen habitualmente actividades y juegos solitarios. En la Comunicación existe poca intencionalidad; su lenguaje hablado carece de mímica, apenas empiezan conversaciones o las sostienen de forma adecuada si existe un lenguaje suficientemente desarrollado y pueden presentar ecolalias inmediatas o demoradas, además, el lenguaje simbólico carece de significación, es decir, comprenden el lenguaje de manera literal. En la Restricción de intereses, sus juegos son repetitivos y aparentemente con escaso sentido para otros, por ejemplo, alinear objetos por colores, formas y tamaños; en ellos domina el deseo que determinadas rutinas, movimientos estereotipados y/o repetitivos como el aleteo de manos, cruzar o mirar los dedos de las manos, observar determinados objetos por su brillo, textura y sombra, entre otros.

Ante ello, sigamos el llamado de la ONU, emprendamos el camino de la integración y ejecutemos dinámicas que permitan el reconocimiento pleno de los derechos de personas con autismo dentro de la sociedad. En ese sentido y de manera inmediata, madres de familia difunden campañas sobre el autismo. Ellas, como otras madres cuyos hijos padecen algún tipo de síndrome, buscan con insistencia la participación ciudadana y el apoyo de instituciones diversas para que, en lugar de barreras, se sumen fuerzas de apoyo para la concretización de proyectos que, por otra parte, transformen la visión sobre las personas con capacidades diferentes como “seres extraños”, “raros”, inferiores, “indiferentes” de la realidad y se reconozca en ello seres humanos especiales, miembros activos y plenos en las dinámicas de nuestra realidad.

Es responsabilidad de todos informarnos, y ante el desconocimiento, resultado del desinterés, es necesario crear algunas alternativas que permitan una mayor difusión y tratamiento del autismo; en ese verso, sugerimos la creación de campañas de difusión impresa, digital y verbal directa en los medios de comunicación, en fundaciones e instituciones educativas de nivel local, nacional e internacional; la implementación de asesoría especializada oportuna, el tratamiento y el seguimiento especializado y sistemático en escuelas y centros de atención subsidiados por los gobiernos locales, estatales y federales; mayor fomento hacia el trato digno en las escuelas públicas y privadas y en ese sentido, capacitación de profesorado en el tratamiento especial hacia las personas con capacidades diferentes y en suma, un mejor trato e inclusión absoluta y plena en la sociedad.

Esta entrada fue publicada en Articulos recientes, Sin categoría, Sin categoría. Guarda el enlace permanente.