La historia de Alex Atking; nació con Asperger ,a los 10 años intentó quitarse la vida y ahora es un genio de las matemáticas

Anne y Alexander Atkins. Él tiene síndrome de Asperger y es un brillante matemático. Hoy trabaja en una de las firmas más importantes del Reino Unido

Una tarde lluviosa de viernes en marzo de 1997 y yo estaba sola en la casa. Nuestras hijas estaban en un viaje escolar, mi esposo Shaun en una conferencia y nuestros dos hijos habían estado en el internado por dos términos“. Así comenzó la carta en que Anne Atkins contó al mundo los momentos más dramáticos que vivió en su vida.

Ese viernes era todo tranquilidad. La casa estaba en paz. Hasta que recibió un llamado. Su hijo de 10 años, Alexander, fue encontrado en el techo de uno de los edificios del colegio al que asistía con la intención de tirarse.

Me sorprendió que el director pareciera tan sorprendido. Llevaba meses diciéndole a la escuela lo infeliz que estaba Alex. Habíamos tenido una conversación perturbadora en la que en realidad me había preguntado qué pasaría si saltaba por la ventana del dormitorio. Entonces su rendimiento académico cayó por un precipicio“, contó Anne en una nota publicada por el diario inglés DailyMail.

Pero en la institución a la que concurría no veían ningún problema en él. “Alex está bien“; “Siempre se lo ve feliz“, eran las palabras que se repetían una y otra vez aún después de que caminara temerariamente por el techo. “¿Tan contento como para querer suicidarse a los 10 años?“, respondía Anne.

Alexander Atkins en brazos de su madre Anne en una fotografía tomada en 1991. Fue diagnosticado con Asperger entrados los 20 años

Aún no habíamos oído hablar del síndrome de Asperger, el trastorno del desarrollo caracterizado por dificultades en la interacción social que afecta a una de cada 100 personas en el Reino Unido, y, sin que nosotros lo sepamos, a nuestro hijo mayor“, cuenta la mujer. Anne recuerda que Alex era un niño muy inteligente, meticuloso. Pero no fue sino hasta mediar sus 20 cuando fue formalmente diagnosticado. “Para entonces yo veía su síndrome de Asperger no como una discapacidad, sino como un don único. No lo cambiaría ni por todo el mundo“, dice la madre.

Aquel día en que intentó quitarse su vida, la mujer fue a buscarlo al colegio. Regresó con él y con su hermano. Al llegar a su casa, se abrazaron y lloraron juntos en el sofá de la sala principal. No hablaron. Solo lloraron. Habría tiempo para conversar al día siguiente.

Anne interpretaba que Alex había hecho del drama que vivía una ecuación matemática. Si él era el problema, entonces debería eliminarlo. Tan simple como eso. Entonces buscó el lugar más alto desde el cual lanzarse al vacío. Trepó, pero una vez allí su racionalidad le hizo ver que no era lo suficientemente alto y que si sobrevivía pasaría el resto de sus días en una silla de ruedas, haciendo el problema aún más grande.

Era demasiado frío para calcular todas las consecuencias que podrían derivarse a partir de no morir en el intento. Eso desesperaba a su madre. “Me sacudiría sin control al pensar que mi hermoso niño sopesaba el final de su vida de manera tan objetiva“, escribió la mujer.

La primera experiencia con un psiquiatra fue funesta. Sin verlo, la profesional sólo le dijo que era un “alivio” saber que gente como Alex “jamás se casaría“. “Pueden a veces encontrar un trabajo simple, clerical“, le comentaron a Anne.

La madre recuerda sus primeros años: “Como un niño pequeño, Alex estaba fascinado por todo. A los dos años me vio removiendo el baño y sugirió la solución que ahorra trabajo al colocar el cabezal de la ducha en el otro extremo para mezclar el agua caliente con la fría. Era meticuloso, minucioso y muy lento. En la guardería, se les entregó un dibujo de un niño en la cama. Los otros garabatearon sobre los suyos en minutos. Cuando Alex terminó, los otros niños aplaudieron. En parte porque le había llevado dos días. Pero también porque la habitación tenía un papel tapiz con dibujos intrincados, cada pétalo dibujado y coloreado… así como las pequeñas manchas de sarampión del niño“.

Alexander Atkins a los 15 años, durante una travesía en Botswana

Alexander Atkins a los 15 años, durante una travesía en Botswana

A esa edad, hizo amigos fácilmente: un niño amable, muy cariñoso con sus hermanos y extremadamente dispuesto a complacer. Así que fue devastador que siempre estuviera en problemas, por llegar tarde o lento, o por pensar en otra cosa. Su vida mejoró el día en que le dije que mirara el suelo cuando lo retaran. Hasta entonces, los maestros pensaban que este chico -que estaba sufriendo terriblemente pero no había aprendido a comunicar esto- era casi psicopáticamente desafiante cuando los miraba directamente. Así que le gritaban más fuerte y lo castigaban más“.

Anne fue más allá y analizó cómo fueron los años siguientes en que supo que su pequeño hijo tenía el síndrome de Asperger. “Se piensa que las personas autistas son pobres al leer las emociones de otros. Alex podía leer las emociones lo suficientemente bien como para saber que la mayoría de sus maestros estaban molestos con él. Mientras tanto, ellos creían que este niño suicida era ‘perfectamente feliz’. Entonces, ¿quién tiene una discapacidad aquí? Los profesionales de la salud mental afirman que un niño que ha pensado en el suicidio volverá, pero yo sabía que Alex nunca volvería a intentarlo porque le había dicho que estaba mal, por lo que lo descartó. Solo tenías que enseñarle algo a Alex una vez: cómo leer música; las reglas del ajedrez“.

Al día siguiente en el que el niño pensó en lo peor, su madre, en una de las tantas cosas que le dijo, fue clara en un punto: “Alex, si eres infeliz, debes decírselo a alguien. A nosotros, preferentemente. O a una maestra. Incluso a otro chico. A alguien“.

Eso le permitió a Alex dos cosas. Pasó el resto de la década siguiente sabiendo cuándo era feliz y qué lo hacía feliz. Se conoció en profundidad. Y también consiguió saber cuándo otros eran felices. Esto le permitió desarrollar una capacidad única para distinguir emociones.

Sus días de escolaridad no fueron los mejores. Le costó horrores terminar sus estudios. Pero finalmente logró una entrevista para ingresar a Cambridge, donde asombró a sus superiores, y consiguió ingresar a aquella prestigiosa universidad.

Pero a pesar de estar entre los mejores 150 matemáticos del Reino Unido, no pudo terminar sus estudios. Aquella institución no tenía las herramientas apropiadas para adecuarse a una persona con las necesidades de Alex. Partió rumbo a Bristol, donde sí encontró su espacio. Un tutor fue clave en su integración.

Uno de las grandes trabas de Alex eran los tiempos que se tomaba para resolver los problemas que se le planteaban. Los entendía todos, pero debían tolerar su ritmo para que pudiera avanzar. Esto fue clave en su integración en Bristol.

Alex salió al ruedo laboral. Aplicaba a grandes empresas, cumplía todos los requisitos, pero al momento de su entrevista personal, algo fallaba. Su hermana, con quien vivía y con quien había comprado una propiedad, le dijo que su fracaso podría deberse no a su personalidad, sino a su aspecto. Alex tenía una cola de caballo, siempre estaba desaliñado y su ropa parecía sucia. “¿De verdad?”, le respondió asombrado el joven, hoy de 31 años.

Arreglado y presentable, en la primera entrevista que tuvo consiguió empleo: Goldman Sachs, una de las empresas más importantes de Londres.

En su caso, el síndrome de Asperger no es una discapacidad en absoluto. Es su mismo genio. Después de todo, preguntado recientemente si se veía anormal, Alex dijo: ‘No, en absoluto. Veo al resto del mundo como no aspérgico’“, concluyó Anne

 

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