Cuento para viajar al planeta de un niño con Asperger

Javier y su hija Amanda -autor e ilustradora de este libro-, viven en Calp y tienen un estrecho contacto con Julián, sobrino y primo, respectivamente

Han querido reflejar lo que siente y experimenta un chico de 15 años con el Síndrome de Asperger, así como resaltar el valor de sus rasgos diferenciales

El niño que explica qué es el Asperger: “No soy loco, ni ‘freak’, tengo Asperger”

Julián juega sólo en la terraza, de espaldas al resto de todo y de todos. No está enfadado ni triste sino inmerso en su propio universo, a veces a años luz del nuestro. Vive con el Síndrome de Asperger, un compañero de viaje que se interpone entre él y los demás, poniéndole trabas para comunicarse y para expresar sus sentimientos, desordenando y amplificando la información que le llega desde el exterior, haciendo del suyo un planeta diferente.

Entre sus familiares, su prima Amanda lo ha comprendido siempre. Sin que nadie le dijera nada, ella ha sabido buscar los temas que interesaban y -de una forma absolutamente espontánea y natural-, le ha hablado siempre bajito y con mucha calma.

Por eso, cuando Javier Lorenzo -tío de Julián y padre de Amanda- se decidió hace unos años a escribir sobre su sobrino, su hija fue a la primera a quien acudió. «Sólo tenía un capítulo y se lo leí por la noche, antes de dormir. Me dijo que le había gustado mucho y que le recordaba a su primo, Julián». Al día siguiente, Amanda -que tenía entonces diez años y ahora 13- dibujó la primera ilustración, que es la portada del libro:un niño de espaldas al lector que observa la Tierra desde su propio planeta.

Y en cada capítulo, su hija Amanda retrataba a Julián igual:de espaldas y con su característico flequillo al viento. «Lo ha captado muy bien», apunta su padre, quien se reserva el desenlace de esta historia para transmitir un mensaje. «Estas peculiaridades, que al fin y al cabo todos tenemos en mayor o menor medida -incluso los que somos neurotípicos-, pueden ser nuestra salvación. Detrás de esa gran diferencia, puede encontrarse nuestra genialidad», indica.

Los valores que transmite su libro, incide Javier Lorenzo, son de hecho, universales. «Lo que quiero expresar es que aquello diferente no tiene por qué ser raro ni malo, sino que cada uno tiene sus propias peculiaridades, cosas únicas que le dan valor. Si una persona es muy habladora en clase, a lo mejor este ‘defecto’ hace que de mayor sea un magnífico locutor o locutora de radio. Si alguien es muy ordenado y metódico, esa ‘manía’ puede reflejarse posteriormente en su profesión y convertirlo en un gran dirigente de logística».

En el caso de Julián, una de sus características más destacadas es la memoria que, aunque de forma selectiva, parece funcionar de forma fotográfica. A sus quince años, le encantan las películas de Star Wars y sabe el orden en el que fueron estrenadas, sus personajes y detalles. También es fan de The Big Bang Theory y del personaje de Sheldon Cooper, uno de los físicos que protagoniza esta serie, diagnosticado con síndrome de Asperger. «Sólo con ver una secuencia es capaz de decir el número de capítulo y la temporada a la que pertenece».

Eso también lo podemos observar a lo largo de esta historia, en la que Julián se presenta a sí mismo, mientras su sombra aparece ante nosotros en forma de interrogante. Lo vemos sentado en un banco, mientras imita a un gato que ladea la cabeza. Más tarde, con las manos en los oídos se protege del zumbido de las moscas o las abejas, que tanto le molesta. Nos presenta su comida ordenada por colores, como a él le gusta:lo verde con lo verde, lo amarillo con lo amarillo… Otro capítulo está salpicado de bocadillos con onomatopeyas, como las que él puede repetir durante horas cuando quiere relajarse:«boom», «zas», «plaf»…

La mayoría de situaciones que retrata el libro están inspiradas por vivencias o anécdotas que el propio Javier ha presenciado o que le han contado los padres de Julián, con quienes está muy unido. «Presenté el libro en una pequeña ceremonia privada y al día siguiente, cuando mi hermana se lo leyó, Julián dijo:‘¡El tío lo ha clavado. Soy yo!’» . Es en realidad un regalo que Javier y Amanda han querido hacer a Julián y a todos los menores con Asperger, ya que lo que recauden con su venta va destinado a la formación de niños con este síndrome.

 

 

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